miércoles, 9 de noviembre de 2016

de la niebla y la sorpresa





A veces amanezco como un día nublado, se difuminan mis contornos y mi existencia son cuatro pinceladas en el pensamiento que insinúan lo que soy. Remoloneo imprecisa.



Esos días tapados, en los que amanezco nublada; me invade, como la nube al paisaje, una densa pereza de definirme.




Los días de niebla juego a adivinar dónde está el árbol, dónde la montaña, dónde la casa tras la nube.
Pero hoy quiero jugar a asombrarme. Como si no supiera cuál es el contorno de mi paisaje cotidiano y la nube, al apartarse, fuera abriendo paso a al sorpresa.




¿Y no es así en realidad?¿No es la niebla una invitación a la sorpresa? ¿Una feroz provocación a las suposiciones? Un espejismo de ese infinito que soy que con la llegada de la luz va tomando forma, de árbol, de montaña, de casa... de maestra, de madre, de pelo rizado...




Tras la niebla el sol brilla con más fuerza; como recordando la belleza de la forma.




No hay mayor verdad que un día nublado.




Hoy elijo dejarme sorprender por la belleza.

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