Fueron muchas las causas por las que finalmente se decidió que A. continuara su vida en un centro. Seguramente con algunas no estoy de acuerdo...pero aprendí que eso no era lo importante. Las dos primeras semanas sin él en casa fueron duras. Hacía tiempo que no recordaba una tristeza tan profunda, no podía dejar de pensar cómo estaría él pasado esos días. Desde la distancia le enviaba todo el amor que no pudo recibir. También vinieron a visitarme uno por uno todos mis fantasmas.
El primero es recurrente: "Es que te metes en unos líos..."Es bastante común que este fantasma tome forma en tiempos en los que la comodidad, que hoy se nos tambalea, es un valor tan preciado. Le di la bienvenida: "Te estaba esperando". Aún así mi cabeza dio mil vueltas sobre los "líos" en los que me meto y estoy dispuesta a meterme. Menos mal que un compañero y amigo sujetó mi mano con firmeza y me dijo: "Sonia, la vida está para complicársela". Esta afirmación que puede parecer absurda me ayudó a descansar, a permitirme ser quien soy y sentirme bien con ello.
Del segundo ya he hablado: "Estás loca". La verdad es que le esperaba, pero me acojonó. En el balance de fin de año me descojono, así que sin problemas. Aunque meta sus sustos este fantasma y yo convivimos bastante bien.
Fueron pasando muchos esas largas noches: la culpa, la exigencia... Pero el que me hizo temblar de verdad fue el FRACASO. Porque sinceramente me hubiera gustado poder contaros hoy que todo fue "bien", que A. superó sus dificultades y pudo continuar convivendo con nosotras; que lo conseguimos. No fue así. El fracaso me dejó helada en breves pero constantes asaltos y solo me salvaba el sol que brillaba en el norte esos días.
La tercera mañana sin A. me desperté tarde, ya que me costaba dormir por la noche. Bajé las escaleras, abrí la puerta de casa y el sol brillaba de nuevo. Menos mal...porque mi corazón seguía helado. Me propuse cuidarme, prepararme el desayuno lentamente y salir a disfrutarlo al sol. Todo el mundo debería saber que el fantasma del fracaso se crece en los ritmos rápidos. Cuando tenía la bandeja preparada con todo lo necesario para las mañanas tristes y algún capricho más sonó el teléfono. Una amiga necesitaba mi ayuda. Dudé un segundo: si no tienes ni para ti...qué vas a dar. Al siguiente segundo estaba metiendo el café en un termo para ir a su casa. Llegué en pijama. Al volver a casa me hice otro café aunque ya había pasado casi la hora de comer y me senté en el balcón donde tenía previsto desayunar. Enfrente vi el huerto. Y entonces dije en alto la frase que ahuyentó al fantasma: "El éxito está sobrevalorado". El éxito entendido como que las cosas salgan como nosotros queríamos que salieran, como socialmente está mejor considerado, etc.
¿Y por qué el huerto? Porque los que dedicamos nuestra vida a acompañar a otros sabemos que nuestra labor es sembrar. Y especialmente con aquellos que han sufrido abandono, rechazo, humillación, injusticia...en la infancia. Puede resultar duro saber que va a ser muy difícil que tú recojas el fruto, que a veces vas a plantar semillas en una tierra en la que no pueden germinar, o que no van a tener el agua y la luz suficiente. Pero tu tarea es sembrar. Y el éxito es no es lo que recoges, sino aquello que siembras. Todo estaba bien, yo había dado lo que tenía.
Es posible que nunca sepa cómo nos recordará A. , ni si en algún momento le será útil la experiencia que tuvo con nosotras. Nos cuentan que siempre nos recuerda con una sonrisa...como nosotras a él. Así que salió bien.
Las puertas de mi casa y de mi corazón siguen abiertas. En parte gracias a todos los que me abrazasteis esos días fríos.
Abrazo capturado por Ojos Cromáticos.
Del segundo ya he hablado: "Estás loca". La verdad es que le esperaba, pero me acojonó. En el balance de fin de año me descojono, así que sin problemas. Aunque meta sus sustos este fantasma y yo convivimos bastante bien.
Fueron pasando muchos esas largas noches: la culpa, la exigencia... Pero el que me hizo temblar de verdad fue el FRACASO. Porque sinceramente me hubiera gustado poder contaros hoy que todo fue "bien", que A. superó sus dificultades y pudo continuar convivendo con nosotras; que lo conseguimos. No fue así. El fracaso me dejó helada en breves pero constantes asaltos y solo me salvaba el sol que brillaba en el norte esos días.
La tercera mañana sin A. me desperté tarde, ya que me costaba dormir por la noche. Bajé las escaleras, abrí la puerta de casa y el sol brillaba de nuevo. Menos mal...porque mi corazón seguía helado. Me propuse cuidarme, prepararme el desayuno lentamente y salir a disfrutarlo al sol. Todo el mundo debería saber que el fantasma del fracaso se crece en los ritmos rápidos. Cuando tenía la bandeja preparada con todo lo necesario para las mañanas tristes y algún capricho más sonó el teléfono. Una amiga necesitaba mi ayuda. Dudé un segundo: si no tienes ni para ti...qué vas a dar. Al siguiente segundo estaba metiendo el café en un termo para ir a su casa. Llegué en pijama. Al volver a casa me hice otro café aunque ya había pasado casi la hora de comer y me senté en el balcón donde tenía previsto desayunar. Enfrente vi el huerto. Y entonces dije en alto la frase que ahuyentó al fantasma: "El éxito está sobrevalorado". El éxito entendido como que las cosas salgan como nosotros queríamos que salieran, como socialmente está mejor considerado, etc.
¿Y por qué el huerto? Porque los que dedicamos nuestra vida a acompañar a otros sabemos que nuestra labor es sembrar. Y especialmente con aquellos que han sufrido abandono, rechazo, humillación, injusticia...en la infancia. Puede resultar duro saber que va a ser muy difícil que tú recojas el fruto, que a veces vas a plantar semillas en una tierra en la que no pueden germinar, o que no van a tener el agua y la luz suficiente. Pero tu tarea es sembrar. Y el éxito es no es lo que recoges, sino aquello que siembras. Todo estaba bien, yo había dado lo que tenía.
Es posible que nunca sepa cómo nos recordará A. , ni si en algún momento le será útil la experiencia que tuvo con nosotras. Nos cuentan que siempre nos recuerda con una sonrisa...como nosotras a él. Así que salió bien.
Las puertas de mi casa y de mi corazón siguen abiertas. En parte gracias a todos los que me abrazasteis esos días fríos.
Abrazo capturado por Ojos Cromáticos.

Me has conmovido inmensamente con las tres publicaciones que he leído en tu blog. No pares y mucho menos por aquellos que se encuentran inoportunamente en el medio. Son reconfortantes tus palabras. Gracias.
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